jueves, 23 de junio de 2016

La invitación

Susana Casares, directora española afincada en Los Angeles, donde dirigió el muy exitoso y potente "TryOuts", viene a España y vuelve al cine femenino social, temática de su anterior corto, sobre la integración de una adolescente de padres musulmanes en la frívola sociedad americana y más en concreto en el mundo de deportistas y animadoras. "TryOuts" era emocionante, muy bien realizado, perfectamente interpretado y con un fuerte calado social. En "La invitación" no consigue igualar su último corto pese a contar con cartas similares, al menos en el punto de partida, y sobre todo éste siendo éste último menos sincero y sentido. 


Pero no obstante consigue un corto amable y para todos los gustos, con su mensaje sobre la crisis ahí, un poco obvio y metido con calzador, pero que sirve de partida para montar un ingenioso y entretenido producto que hará las delicias de todo tipo de público, y que ante todo debería hacer llegar su mensaje a quien va dirigido, los más pequeños, si es que los cortos alguna vez llegan a los niños... Imaginamos que antes recorrerá el circuito festivalero con éxito y recogida de premios pertinente y después quizás llegue a ese público infantil que más sacará partido de esta historia de niñas con secretos. 

Pero los mayores también disfrutarán de l de espléndida factura que comienza con la invitación de una niña a sus amiguitas malcriadas a dormir a su casa. Normalmente los niños llenan la pantalla con su naturalidad pero en este caso pese al esfuerzo de las interpretaciones no están especialmente brillantes, aunque se pueden destacar algunos momentos: los del roba escenas del hermano pequeño y la escena de bonita complicidad con la que se cierra el corto.

Esperemos que el próximo proyecto de la solvente directora tenga la fuerza de su penúltimo corto.

domingo, 24 de abril de 2016

El trastero

El veterano director Gaizka Urresti vuelve a la carga con un corto sencillo y sensible, pero con una cuidada producción y un reparto de primera. A Carmelo Gómez, un actor cada vez más alejado del cine (en principio porque se niega a hacer castings), es difícil verle fuera de los escenarios últimamente, con lo que poder disfrutar de su presencia en un corto es un lujo. Interpreta a un hombre de negocios, aparentemente ocupado y frío, que se verá abocado a enfrentarse con sus más tiernos sentimientos. Una carta le dice que ha de ir a buscar unos muebles de su familia, y él ha de cumplir el tramite, imaginamos que por compromiso, pero dado su carácter, también para sacar alguna tajada. Como veremos después, desde pequeño estaba orientado a buscar dinero, como comprobamos en un momento fundamental del corto.
Pero una vez enfrentado al interior de ese trastero, con los muebles de la casa de su infancia que fueron depositados allí cuando sus desvalidos padres debieron de trasladarse a una residencia ya que sus hijos se encontraban en el extranjero. Años después murieron sin contar a sus descendientes el secreto. Cual magdalena proustiana, los sillones, muebles camas y otros enseres familiares trasladan a nuestro protagonista a un mundo de recuerdos de infancia. El sillón donde él encontraba las monedas pérdidas por su padre, la cama donde su padre le leía libros, el salón donde se materializaba la magia cada seis de enero. Momentos de gran calado emocional que se ven reflejados en pantalla con unos deliciosos flashbacks donde vemos a los protagonistas cuarenta años antes cual fantasmas siendo observados por el protagonista. Un precioso recurso tener en plano a los dos actores que interpretan al mismo personaje.

Pese a los grandes logros el corto se pasa de sensible llegando a lo sentimentaloide. La culpa principal la tiene la música, una música omnipresente que rocía azúcar por cada escena que toca. Es una pena que pese a que los recuerdos que vive el personaje principal tienen un toque amargo (la primera vez que habla de la muerte con su padre, la doble pérdida de la inocencia en una misma noche (en la que descubre el sexo y la verdadera identidad de los Reyes Magos), todo tiene un cariz demasiado ñoño por culpa de esa asfixiante banda sonora. No sólo por eso, también algunas interpretaciones y en general el enfoque de Urresti a la hora de abordar la puesta en escena lo resaltan. Es curioso que en el corto nombran la serie española Cuéntame, pero aunque no hubiese esa referencia explícita es seguro que nos vendría a la cabeza. El trastero tiene esa gran profesionalidad de la buena ficción televisiva, pero adolece de cierta falta de personalidad. La dirección es académica y los buenos hallazgos quedan diluidos en la convencionalidad.
La personalidad del director viene más dada en el tema del paso del tiempo y la soledad de los ancianos... que lo entronca directamente con su anterior corto, el premiado, original y maravilloso Abstenerse agencias. Como en aquel, combina nostalgia con actualidad. El guion (del propio director basado en un relato de Carlos del Amor) es lo mejor del corto, y en su breve recorrido además de desarrollar la historia principal le da tiempo a dar muy buenas pinceladas sobre la realidad de hoy en día, la globalización y la crisis.

El reparto está bien, sobre todo el gran Carmelo Gómez que compone una sutil interpretación con un personaje con gran recorrido, es muy emotivo ver a este hombre de negocios sucumbir a los recuerdos. La eterna promesa Unax Ugalde no destaca tanto como padre pero es de agradecer su profesionalidad y experiencia. Y Gorka Aguinagalde borda su personaje de encargado del almacén, dando frescura a la trama. El resto del reparto no desentona, ni los niños ni la madre.
En definitiva, un bonito corto al que auguramos grandes premios, sobre todo del público, en el que todo encaja, tocará la fibra sensible de todos y con su bonito final deja un buen sabor de boca que hará que permanezca en el recuerdo como aquellos muebles en el alma del protagonista.

viernes, 22 de abril de 2016

El pescador

Elogiable es el esfuerzo de Alejandro Suárez y su equipo de rodar en Hong Kong y en cantonés esta espectacular producción, en la que intuimos menor presupuesto del aparente ya que los resultados de la postproducción son excelentes.
Enmarcado en el género fantástico no deja tocar otros temas, funcionando incluso mejor en la primera parte, más social y autóctona que en la previsible pero eficaz parte final de efectos especiales.
Un viejo pescador a punto de perder su medio de sustento de vida es se resiste a dejase engullir por el mundo globalizado del que el puerto de Hong Kong es un metafórico y perfecto escenario: las pequeñas embarcaciones tradicionales se combinan con grandes cargueros y los imponentes rascacielos, muestra del capitalismo que ataca a nuestro protagonista con alargados tentáculos, los últimos en forma de capos locales a los que ha de hacer cara el testarudo pescador. Decide luchar hasta el final por conservar su barco y hacerse a la mar para conseguir una captura que salde sus deudas, algo bastante improbable que le convierte en quijotesco personaje.

Él solo en la noche deberá luchar ahora contra un peligro más físico, un monstruo de las profundidades marinas cuyo valor metafórico realza la primera parte, y como ha demostrado a sus acreedores y vecinos, luchará hasta el límite de sus fuerzas para vencer al monstruo.
Un espectacular final con una excelente fotografía nocturna, gran uso del montaje y de la postproducción para convertir en real el peligro con maestría para solventar la falta de medios, hacen de este corto una magnífica carta de presentación. Lo único reprochable es que esta parte quizás esté demasiado alargada y los momentos de la lucha sean repetitivos, a lo que no ayuda que haya sólo un personaje que pese a que es admirable en su determinación no es especialmente carismático.
En cualquier caso, y volviendo a la metáfora, es encomiable la determinación con la que estos jóvenes españoles luchan contra superproducciones, usando sus propias armas para conseguir hacerse un hueco en el competitivo mundo del fantástico y del cine de acción, como ya habían conseguido con su también espectacular cortometraje bélico Hidden Soldier.

lunes, 21 de marzo de 2016

El corredor

El último ganador del Premio Goya al Mejor Cortometraje es una obra firmada por el laureado director José Luis Montesinos.
Un corto aparentemente sencillo pero con un guión muy bien construido que entretiene y nos mantiene envueltos en la intriga de este juego de casualidades y engaños con la crisis económica de fondo, pese a la previsibildad de la trama en la segunda mitad, aunque no tan importante ya que forma parte del mecanismo que el espectador haga sus cábalas sobre quien dice la verdad.

Un corredor de mediana edad se encuentra con un "elegante" hombre más joven, a quien no recuerda pese a haber sido su empleado anteriormente ¿o sí le recuerda? El más joven le culpa se haberle dejado en el paro, para lo cual el arruinado jefe tiene una justificación, su empresa fue víctima de la crisis y ahora está arruinado ¿o no?, el antiguo empleado le cree ¿o no? y así sucesivamente en un juego de posibles verdades e identidades que funciona a la perfección. Tecnicamente saca lo mejor del lugar donde está rodado, un muelle de un puerto deportivo que da vida al corto, el lugar límite donde los ricos se separan de la clase media en sus yates. Un exterior dinámico y vivo, algo poco común en el corto español, del que se saca gran partido con la profundidad de campo en puntuales momentos, lo que es de lo más destacable en la dirección de Montesinos, sencilla, realista y precisa, justo lo que el corto necesita. Además una ajustada dirección de actores saca lo necesario de los protagonistas, sobretodo de Miguel Ángel Jenner, el corredor; mientras que echamos en falta una interpretación más expresiva y gamberra en el personaje de Lluís Altés. El moderno pero no estridente montaje y la fría y funcional fotografía, con buen juego de enfoques y movimientos, ayudan a redondear un corto que si bien no es espectácular tampoco le hace falta.
En definitiva, una de nuestras opciones favoritas, un engranaje perfecto y con contenido social (aunque no de tan largo alcance), muy digno ganador del premio Goya.

miércoles, 2 de marzo de 2016

En la azotea


Desde la escuela de cine catalana ESCAC salen todos los años cortometrajes que trascienden por mucho su concepto de trabajo de clase. Y En la azotea es uno de ellos. Uno de los mejores cortos del año en el que el joven Damiá Serra Cauchetiez se perfila como un alumno con mucho futuro.

En la azotea es una pieza aparentemente sencilla, sobre todo en su guión. Unos adolescentes se reúnen en verano en una azotea para ver a una vecina de un edificio más bajo que toma el sol desnuda. Los jovenzuelos, algunos demasiado cerca de la infancia para conocer el verdadero deseo sexual, hacen todos los comentarios y bromas que los machitos de su edad hacen en grupo, presumiendo de su virilidad y de su libido. Pero quizás sea una pose en alguno de ellos. El prota prefiere mirar de reojo a un vecino, y su panda parece que le pilla.

Esta historia, además de su claro valor social y educativo, pues habla de homofobia y actitudes machistas, es un prodigio de narración. Crea suspense por saber que va a ocurrir si el secreto es descubierto, pero la historia va más allá y nos lleva a una situación emocionante de las que te congelan en el asiento cuando se exige la prueba de hombría, encaramarse a la barandilla poniendo en riesgo la vida. Una prueba que en el fondo no tiene nada que ver con la homosexualidad si no con la valentía y el ser consecuente con uno mismo.

La dirección del joven Damiá es modélica. Destaca sobre todo la dirección de actores, un prodigio ya que saca gran naturalidad de todos ellos dando gran veracidad a la historia, pero además consigue definir cada carácter. Nils Cardoner está sencillamente perfecto como el sensato y valiente chaval que oculta su secreto pero que aprende a ser honesto consigo mismo. Mientras que Roger Príncep, como el líder de los machitos, crea un personaje odioso al que para sorpresa, acaba dando un interesante nivel de ambigüedad.
No sólo mediante la interpretación se definen los personajes, y es  muy interesante como mediante la posición y distintos encuadres une en grupo (casi manada) a los chavales o los separa en los momentos en los que corresponde el guión. Unido a una puesta en escena dinámica y que consigue dominar la intriga y el retrato psicológico. Un bonito final pone el broche de oro a un trabajo de matrícula de honor.

La película, pese a su mensaje social, no es nada moralista y este aparece sin estar forzado ni edulcorado ni es nada artificial como tantos otros cortos a los que se le ve la intención, y pese a ser un proyecto de escuela es bastante valiente al presentar desnudos, un lenguaje bastante ordinario, personaje(s) gays y actitudes machistas en un entorno preadolescente.

jueves, 14 de enero de 2016

Los Cárpatos

Como es tendencia en el corto español, la nueva propuesta de Daniel Remón, es un cortometraje con unidad de espacio y tiempo. (Nota mental: ¿para ahorrar costes de producción? ¿Para cumplir con el gusto que triunfa en los festivales españoles? Bueno, en este caso la inteligente historia funciona bien así). Bien dirigido, muy bien interpretado, muy bien fotografiado. Una conversación entre dos hermanas a altas horas de la madrugada, tras una moderada noche de fiesta en la que la mayor ha bebido un poco de más... aunque se intuye que por haber tenido anteriormente problemas con el alcohol ese poco es demasiado.


Las dos mujeres están perfectamente interpretadas por las actrices, aunque no alcanzan el vuelo suficiente para sacarlas del estereotipo. Sonia Almarcha, una mujer de clase alta en crisis de los 50, que gracias al alcohol se desinhibe y cuenta a su hermana un secreto (o una mentira), cumple de sobra el complicado cometido de hacer creíble su estado de ebriedad. Cecilia Freire juega a la hermana responsable pero que trata de comprender, un poco como el papel de profesora que le dio fama en cierta serie de televisión.

Hay otro personaje, que no aparece. Un joven rumano muy presente en parte de la conversación y cuyo origen da lugar al título. El diálogo gira en torno a él, y a la prejuiciosidad de una hermana con respecto a la condición de inmigrante del este del chaval; y la pasión "ciega" o las ganas de aferrarse a cualquier cosa de la más mayor, que pretende huir con el chico ante la sorpresa y desconfianza de su interlocutora. El hábil guión funciona como un reloj y nos hace primero plantearnos si el romance es cierto; y si el rumano está enamorado o simplemente la ha seducido para aprovecharse económicamente de ella. Al final descubrimos que, de momento, ha robado la tele. Al final el prejuicio xenófobo vence y ese es el mensaje que queda en el corto. Otro delincuente del este. ¡Es que no hay que fiarse! Un corto sobre un rumano que chulea a una pija y la roba. Probablemente el guionista y director no sea ni consciente de esto... ni el público, que se quedará con que es una critica a las mujeres que representan. El ladrón no aparece en el corto, no tiene derecho a defenderse o a justificar sus acciones y lo que es peor, no tiene opción a salir del estereotipo por sí mismo. Que se decida hacer (y premiar) un corto con esta premisa es un curioso síntoma de nuestros tiempos. Si no hubiese desaparecido el televisor, todo hay que decirlo, hubiese sido muy diferente.

sábado, 12 de diciembre de 2015

Septiembre

Corto a caballo entre el documental y la ficción, en la que el director se limita a seguir a una niña de once años en sus últimos días de vacaciones en un pueblo del interior de la península.
De carácter naturalista aunque no falto de una mirada lírica, este corto nos introduce en la subjetividad de una niña introvertida y tranquila de mirada profunda, que en ese momento del final de la infancia ante la pubertad, se muestra indiferente, más bien indolente, a algunos pequeños acontecimientos de sus vacaciones como las fiestas tradicionales en las que no siente ningún entusiasmo por su disfraz... aunque la mirada infantil se recupera ligeramente por pequeños detalles como la adquisición de chucherías en la tienda del pueblo.


Rafa Alberola elige una historia cuyo nudo narrativo es demasiado moroso y de escaso interés, bien sea ficción o documental, especialmente para la larga duración del corto; pero en cambio este débil hilo argumental consigue una interesante y envolvente atmósfera realzada por el excelente trabajo de fotografía de Guillermo Benet, que nos retrotrae a esos tiempos de verano ociosos de nuestras infancias a la perfección. Triunfador del festival Alcine y ganador del máximo premio, se trata de un corto cuyo principal merito es evocar pero que apostamos que no podremos recordar en unos meses.